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Qué es la escucha activa y cómo desarrollarla para mejorar tu comunicación

La escucha activa es una habilidad que podemos adquirir y desarrollar con la práctica. Sin embargo, puede ser difícil de dominar, por eso hay que ser pacientes y tomarse un tiempo para desarrollarla adecuadamente. No te pierdas estos tips que sugiere el Psic. Jonathan García Allen para mejorar en esta habilidad que va a hacer la diferencia en tus relaciones.



¿Qué significa escuchar activamente?

La escucha activa se refiere (valga la redundancia) a escuchar activamente y con conciencia plena. Por tanto, la escucha activa no es oír a la otra persona, sino estar totalmente concentrados en el mensaje que el otro individuo intenta comunicar. Es escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla.


Escuchar activamente podría parecer fácil, pero en realidad requiere de un esfuerzo de nuestras capacidades cognitivas y empáticas. Saber escuchar es muy importante en la comunicación y, aunque no lo parezca, en muchas ocasiones pasamos mucho tiempo pendientes de nosotros mismos, de lo que pensamos y de lo que decimos, en vez de escuchar activamente al otro.


La escucha activa no es escuchar de manera pasiva, es mucho más. Es la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos implícitos en lo que está intentando expresar. En la escucha activa la empatía es súper importante para situarse en el lugar del otro, pero también lo es la aceptación y el feedback: se debe escuchar sin juzgar y, además, comunicar a la otra persona que se le ha entendido. Existen dos elementos que facilitan la escucha activa:


  1. Disposición psicológica: es una preparación interna, una predisposición para estar en el momento presente, prestar atención constante y observar al otro. Así podemos identificar el contenido de lo que dice, los objetivos y los sentimientos.

  2. Expresión de respuestas que le indiquen al otro que le estoy prestando atención: esto se logra a través de palabras o sonidos -comunicación verbal-, en lo que se conoce como la función fática del lenguaje (ya veo, umm, uh, etc.), y a través del lenguaje no verbal (contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo, etc.).


Qué no hacer en la escucha activa

Cuando estamos escuchando a otra persona debemos evitar estos errores:


  • Distraernos durante la conversación

  • Interrumpir al que habla

  • Juzgarlo y querer imponer nuestras ideas

  • Ofrecer ayuda de manera prematura y con falta de información

  • Rechazar y no validar lo que el otro esté sintiendo

  • Descalificar al dar nuestra opinión

  • Contar nuestra propia historia en vez de escuchar la del otro


Además, existen varias señales verbales y no verbales que muestran a la otra persona que se le está escuchando activamente. Poniéndolas en práctica y adaptándolas a nuestro estilo comunicativo, podemos desarrollar la habilidad de escucha, mejorando nuestro entendimiento y comprensión del interlocutor. Acá van:


Señales no verbales

Las personas que escuchan activamente suelen mostrar las siguientes señales no verbales:


  • Contacto visual: Muestra a la otra persona que le estamos prestando atención a lo que dice y siente y, además, puede mostrar sinceridad. El contacto visual junto a otras señales verbales y no verbales, muestran interés por lo que la otra persona está expresando.

  • Sonrisa: Así le estamos diciendo a nuestro interlocutor que su información está siendo bien recibida y eso lo motiva a seguir hablando. Por lo tanto, además de dar un mensaje de empatía, una leve sonrisa actúa como reforzador.

  • Postura corporal receptiva: La persona que escucha activamente tiende a inclinarse ligeramente hacia adelante o hacia los lados mientras está sentado.

  • Mirroring: Es un reflejo automático de cualquier expresión facial del hablante, y al hacerlo le damos una señal de escucha atenta. Estos gestos expresivos parecen indicar simpatía y empatía en las situaciones emocionales. Pero -¡ojo con esto!-, la imitación consciente de gestos faciales (no automáticos) puede generar el efecto contrario y dar una señal de desatención.

  • No distracción: El oyente activo no se va a distraer, pues su atención está puesta en las señales verbales y no verbales que emite en oyente.


Señales verbales


  • Emitir palabras de refuerzo o cumplidos: De esta manera validamos el punto de vista del hablante y reforzamos su discurso. “Lo hiciste muy bien”, “me gusta cuando eres sincero” o “debes ser muy bueno jugando al fútbol”, son frases que muestran atención por parte de la persona que escucha. Por otro lado, tampoco hay que usarlas en exceso ya que pueden distraer al emisor.

  • Parafrasear: Es cuando expresamos con nuestras propias palabras lo que el hablante acaba de decir para verificarlo. Así podemos confirmar -o no- si hemos entendido bien el mensaje. Un ejemplo puede ser: “¿Quieres decir que te sentiste de esta manera...?”.

  • Resumir: Cuando dominamos la escucha activa podemos ser capaces de resumir lo que nos acaba de comunicar el otro. Esto ayuda a dejar claro que se entiende el punto de vista del interlocutor antes de exponer nuestro.

  • Hacer preguntas: También podemos demostrar que hemos estado atentos haciendo preguntas relevantes. De esta manera clarificamos la información que hemos recibido y mostramos interés por lo que el emisor nos quiere comunicar.


Poner en práctica la escucha activa y desarrollarla, en verdad puede transformar no sólo tu forma de comunicarte sino también tus relaciones personales, laborales y profesionales. ¡Vale la pena hacer el esfuerzo!

Aplicando un tip a la vez, muy pronto verás los resultados.


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¡Hasta la próxima!


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